Dos delincuentes ingresaron de madrugada al museo de Cagnes-sur-Mer, en la Costa Azul, y se llevaron cuatro pinturas. Dos fueron abandonadas durante la huida. El valor de las obras sustraídas ronda los 9 millones de euros.
Francia. El Museo Renoir de Cagnes-sur-Mer, en la Costa Azul francesa, fue escenario este martes de un audaz robo que puso nuevamente en el centro de la escena la vulnerabilidad de los museos europeos frente a los delitos contra el patrimonio artístico.
El hecho ocurrió poco antes de las 6 de la mañana, cuando dos delincuentes ingresaron al establecimiento dedicado al célebre pintor impresionista Pierre-Auguste Renoir. Según las autoridades locales, los asaltantes accedieron al predio tras cortar parte de la valla que rodea el museo.
Una vez dentro, los ladrones lograron retirar cuatro obras de arte, utilizando herramientas para desprenderlas de sus marcos. Sin embargo, la activación de la alarma permitió una rápida intervención policial.
La alarma se activó a las 5:48, y apenas cinco minutos después, a las 5:53, efectivos policiales llegaron al lugar. Los delincuentes emprendieron la fuga y dos de las cuatro pinturas fueron abandonadas durante la huida, por lo que actualmente serían dos las obras que permanecen sustraídas.
Entre las obras señaladas como desaparecidas se encuentran “Madame Colonna Romano”, de 1910, y “Joven mujer junto al pozo”, de 1886. Las pinturas sustraídas habían sido valuadas en conjunto en aproximadamente 9 millones de euros.
Un museo cargado de historia
El Museo Renoir funciona en la antigua residencia del artista en Cagnes-sur-Mer, donde Renoir pasó sus últimos años. El lugar conserva pinturas, esculturas, objetos personales y parte del ambiente en el que trabajó el maestro del impresionismo.
El robo genera especial preocupación en Francia debido a que se produce en un contexto de creciente cantidad de ataques contra instituciones culturales europeas. El antecedente más resonante fue el asalto al Museo del Louvre, ocurrido en París en octubre de 2025.
Las autoridades francesas mantienen una intensa búsqueda de los responsables y analizan las imágenes de las cámaras de seguridad, además de las evidencias recogidas en el lugar.
El episodio vuelve a poner sobre la mesa un problema que preocupa al mundo de la cultura: cómo proteger obras de incalculable valor histórico y artístico frente a delincuentes que, en muchos casos, actúan con rapidez y utilizando métodos cada vez más audaces.
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