La escena quebró el alma de los rescatistas: La pareja murió entrelazada mientras el agua los sentenciaba, víctimas de una furiosa crecida que arrastró su vehículo más de 400 metros hasta sepultarlo en el barro y la maleza.
Regresaban de un casamiento y solo esperaban que la lluvia cesara para volver a su hogar, pero la correntada fue una trampa mortal e implacable. No hubo tiempo para escapar, solo para sostenerse el uno al otro hasta el final.
Hoy Tucumán llora a los Robles y Albornoz. Sus cuerpos entrelazados quedan como el símbolo más doloroso de este temporal: «un amor que no se soltó ni frente a la muerte.»
Fuente: Tucumán Informa 24

